What if... el mundo al revés?

jueves, agosto 24, 2006

The Filthy Life (3)

Marcello me ha dejado uno de sus libros de crónicas nocturnas (es lo que pone en la portada). El libro empieza así:

Piensa en el Infierno. Ahora piensa que se abre paso a través del pavimento y crece como si se tratara de una mandrágora. Así es Roma de noche.

Esplendor y decadencia en un laberinto de calles pequeñas y solitarias que acaban en inesperados callejones sin salida, iglesias y reliquias que te sorprenden en cada esquina. Casas construidas a partir de piedra vieja que empiezan a apagar las luces del interior, pisadas milenarias que te siguen mientras te pierdes a través de estos angostos pasillos urbanos vacíos de vida. Roma es el único sitio que una criatura de la noche podría llamar
hogar.

Y yo la recorro en busca de mi próxima víctima. De mi próxima obra.

Según me dijo la condesa cuando volvíamos de la villa en el coche de su marido, tengo que buscar la rabia dentro de mí, y luego proyectar esa rabia hacia el lienzo (es decir, hacia la víctima, pero ella nunca utilizaría esa palabra). Dice que mi arte nace de la rabia, que es el grito desesperado de mi generación. Lo cierto es que soy muchas generaciones mayor que ella, pero no quiero interrumpirla.

- Tienes que explorar el escenario, Spike. No te limites a dejar el lienzo en medio de la habitación: experimenta con las posibilidades.

La misma noche que entramos en su casa y matamos al servicio, la condesa llamó por teléfono a Marcello y le dijo que tenía algo que le iba a interesar. Tardó menos de media hora en llegar, y cuando vio lo que había pasado en la cocina, corrió a abrazarnos a Drusilla y a mí. Si os digo la verdad, no tengo ni idea de lo que decía: hablaba en italiano, y yo tengo muy mal oído para los idiomas. Al menos, es lo que siempre he pensado.

No sé si alguien más del grupo vio nuestra primera obra antes de que la condesa mandara limpiarla (Vuestro arte es efímero, como nuestro tiempo), pero me consta que el señor Como no tiene ni idea de lo que le pasó al servicio. Tampoco es que le importe demasiado: las dos veces que le he visto estaba completamente borracho, una en el jardín y otra en el salón, mientras los interioristas lo preparaban todo para la gran inauguración (os hablaré de ella más abajo). Creo que puedo entender esas miradas de odio puro que le lanza la condesa de vez en cuando: estos dos bastardos se odian a muerte.

En el coche, la condesa nos dice que necesita material fresco: al parecer, ha llamado a unos peces gordos de Estados Unidos y quiere enseñarles nuevas obras. Dice que no podemos repetirnos, que tenemos que evolucionar:

- La metáfora de los criados oprimidos fue realmente soberbia, pero tenéis que probar nuevos discursos autorales. Si os quedáis estancados, nunca pasaréis de ser una flor de un día.

Dice que estaría bien que nos propusiéramos un reto, así que a Marcello (que va en el asiento del copiloto) se le ocurre que podríamos atrevernos con una prostituta. Según él, sería una forma de superar mis miedos, de sublimarlos en una experiencia artística. Yo le digo que sin problema, que ya sublimé mis miedos con el guarda nocturno de la señora Como. Todos se ríen.

Y esa es, en líneas generales, la razón por la que estoy recorriendo las calles del centro de Roma esta noche: busco carne fresca. Y, aparentemente, también inspiración. Si os preguntáis la razón por la que estoy solo, esa viene luego, junto con lo de la inauguración. Joder, ¿os estoy liando mucho? Vale, os contaré lo de la inauguración ahora mismo.

La condesa piensa abrir una academia de modelos en los próximos días. La idea es que cualquier chica joven que haya venido a Roma para intentar hacerse un hueco en el mundo de la moda, el cine o lo que sea podrá acudir a la villa de los Como, pagar la inscripción y prepararse para convivir con el resto de aspirantes durante tres largos meses, en los que un grupo de expertos les darán clases para convertirse en la nueva sensación de la noche romana (al parecer, ahora somos Dru y yo, pero eso puede cambiar en cualquier momento). Así que la semana que viene la condesa da una gran fiesta de inauguración, en la que habrá alcohol, drogas y jóvenes apetitosas. Marcello me susurró que podría convertir la fiesta en mi Capilla Sixtina, pero a la condesa y a Dru no pareció gustarles la idea.

Si he de ser sincero, toda esta historia del arte moderno no me interesa una mierda, y a Drusilla tampoco. Sólo les estamos siguiendo la corriente a estos ricos decadentes por mera curiosidad: ¡siempre habíamos pensado que lo que hacíamos eran matanzas irracionales, joder! Estamos intrigados por cómo puede acabar esto, y cuando nos aburramos del arte les mataremos a todos, empezando por la jodida condesa. De eso podéis estar seguros. Mientras tanto, disfrutamos de nuestra dulce vida en la azotea de lujo que nos ha conseguido la señora Como.

En el coche, la condesa acaricia la barbilla de su amante y me dice:

- ¿Has pensado en teñirte el pelo, Spike? Creo que el rubio te iría bien. Te daría un toque más... más de artista, sai?

Pensándolo bien, la condesa no me cae tan mal. Al que realmente odio es al bastardo de Guido, siempre con esa mierda del bloqueo creativo. La buena noticia es que creo que finalmente se va a ese balneario, lo cual es un alivio: si volvía a susurrar una vez más lo del terror a la página en blanco...

Vale, ahora tengo que centrarme. Busco a una prostituta por uno de estos callejones, la llevo a nuestro ático y exploro el maldito escenario con sus intestinos. No parece tan difícil, pero me hubiera gustado que Dru estuviese aquí conmigo. Y, sí, lo habéis adivinado: ahora es cuando viene la razón por la que Dru no está aquí conmigo. En el párrafo de abajo.

Lo cierto es que Dru está bastante dispersa desde que llegamos a Roma. Lo que quiero decir es que siempre ha sido un poco especial con estas cosas, pero últimamente se queda embobada con cualquier idiotez. Como esta noche, en el ático: me estoy poniendo la corbata para nuestra salida artístico-criminal y la oigo hablando con un pájaro que acaba de llegar por la ventana. En serio, hablaba con el jodido pájaro.

- Spike, esta noche no quiero salir. Este gorrión tiene tantas cosas que decirme... Le escucharé, y luego me lo comeré.

Yo intento que comprenda que esta es nuestra gran noche, nuestra difícil segunda obra, pero no parece escucharme: sólo me dice que me vaya yo solo, que no le importa. Cuando el asesinato deje de ser el único pensamiento en mi cabeza, empezaré a preocuparme de verdad por el estado de Drusilla. Ahora, simplemente busco una prostituta.

Y entonces la veo. Está en una especie de pequeña plaza mal iluminada, escondida entre cuatro edificios de piedra vieja. Hay una antigua columna romana en el centro y un par de Vespas aparcadas en la puerta de una casa. Lleva un vestido negro y un pañuelo rojo atado al cuello. Es ella, sin ninguna duda.

Lo que hago es acercarme a ella sigilosamente y, cuando estoy lo suficientemente cerca, me enciendo un cigarro para que se fije en mí. Elevo la vista con mucho cuidado hacia ella y me doy cuenta de que algo va mal: está hablando con un cliente, un tipo bajo, con pinta de pueblerino. Así que me acerco hacia él y le aparto bruscamente:

- Lo siento, paleto, hoy no es tu noche.

El tipo me mira un momento, indignado, y luego intenta plantarme cara, con los puños por delante como si fuera un boxeador de los años 20. Es bastante patético, pero no tengo gana de que me arruine la noche. Cuando estoy a punto de lanzarme hacia él, la chica me coge del brazo. Entonces la miro a la cara por primera vez: es guapa, pero cuesta discernirlo entre tanto maquillaje barato. Además, tiene una herida en la frente, y parece bastante reciente. Está claro que ha sido una mala noche y no quiere más problemas.

- Marcovaldo, vatene. Per favore, oggi non possiamo – le dice al tipo en tono conciliador.

El tipo se queda un rato parado, evaluando sus posibilidades, pero al final se da la vuelta y se va. De todos modos, el cabrón no deja de mirar hacia atrás indignado, asó que me aseguro de que la chica no está mirando y le pongo mi cara de Halloween. Ni que decir tiene que salió corriendo como alma que lleva el diablo: parece que Marcovaldo tendrá otra historia sobre los peligros de la ciudad para cuando vuelva al pueblo.

- Bueno, amor, parece que por fin nos han dejado solos... – le digo a la chica, que me mira tímidamente y sonríe.- ¿Hablas mi idioma?

- Sí, mi madre me enseñó un poco de inglés. ¿Quieres...? Ya sabes.

- Claro que sí. Si quieres, podemos ir a mi ático. No está muy lejos, así que...

- No, no – me contesta ella.- Prefiero en mi piso. Este ese – la chica me señala la casa de enfrente, un edificio al borde del derribo cuya fachada está recorrida por una planta trepadora.

- Está bien, amor.

- Rosetta. Me llamo Rosetta.

Cuando llegamos a la puerta, ella entra en seguida y me deja esperando fuera. Le digo que me invite a pasar, pero ella se limita a asentir con la cabeza.

- No, Rosetta. Verás, me sentiría más cómodo si lo dijeras.

Me mira como si fuera un bicho raro, pero al final lo dice. Al entrar, me doy cuenta de que este no es solo su lugar de trabajo: es su hogar, o, al menos, lo más parecido que tiene a uno. Lo cual me recuerda que tengo que preguntarle algo:

- ¿Por qué haces la ronda tan cerca de aquí? No creerás todas esas historias de vampiros acechando en la noche, ¿verdad?

- ¡Claro que no! ¡Qué tontería! Eso solo lo dicen para asustarnos. Ya soy mayorcita para creerme cuentos de fantasmas.

Eso es un alivio. La chica se gira un momento y luego me conduce hasta la cama:

- Espérame aquí un momento. Voy a mirarme esta herida...

Creo que espera que le pregunte quién se la ha hecho, pero yo ya estoy completamente concentrado en mi trabajo. Así que, cuando ella se sienta frente al tocador y se pone a mirarse la frente en el espejo, yo me coloco detrás y me dispongo a...

Un momento.

¿Qué voy a hacer? ¿Morderle el cuello? ¿Empiezo por ahí? No, no, no: es lo que esperan que haga. Tengo que innovar, tengo que...

¿El brazo?

No... Espera... Eh, no, un momento, yo...

Puedo asustarla. Puedo perseguirla por toda la habitación... No, puedo empezar por chuparle la sangre de la herida, y luego...

Luego, yo... Luego...

Mierda.

Joder, podría empezar por... ¿Las piernas? ¿O le rompo el cuello?

No. No, no, no, no, no. ¿Qué coño me pasa? ¿Qué me está pasando? Le tengo aquí, estoy aquí y... No puedo. No sé qué hacer. Tengo el lienzo, pero estoy... Estoy...

Bloqueado. Estoy bloqueado. Ella se mira en el espejo y no me ve aquí, detrás de ella, con las manos alrededor de su cuello y parado, sin saber qué hacer, buscando una pista, acordándome de Guido, del cabrón de Guido y de su maldito terror a la página en blanco. Mierda. Soy como él. Soy como él.

4 Comments:

At 3:16 p. m., Blogger Alvy Singer said...

No lo puedo negar: tienes una fuerza narrativa "huracanosa" y una maestría que me hace envidiar muy sanamente, primero y admirar, después.

Nunca he estado en Roma pero me transmite esa atmosfera enrarecida que en los giallos y sobretodo La Dolce Vita de Fellini.

Las coñas referenciales funcionan: pero la narración avanza sin paliativos, me gusta que sea un trabajo tan lleno de referentes y matices y tan bien incorporados, que no se detenga en los chistes y que los tenga enlazados con una naturalidad fascinante. (No sé si me he explicado bien pero digamos que es una forma parecida de enlazar los referentes a lo que hace Rodrigo Fresán en la literatura o Joe Dante en The Howling)

A este paso, The Filthy life será una de mis novelas favoritas.

¡Un saludo!

 
At 7:42 p. m., Blogger Alvy Singer said...

Como blogia anda intratable con mi PC o viceversa, y ya he escrito el comentario un par de veces ahí va mi digresión tubera:

El nadador de Cheever interpretada por muñecos de Star Wars (http://www.youtube.com/watch?v=YjyvMK9_0yk)

Y

THOMAS PYNCHON

(http://www.youtube.com/watch?v=7i8NR31Edx8)

Lo que no quita que los hayas visto ni que lo segundo sea una coña pynchoniana.

 
At 7:57 p. m., Anonymous Noel said...

Muchas gracias de nuevo por tus comentarios. Este era el capítulo más difícil desde el punto de vista narrativo (mucha exposición, muchos avances de cosas que luego serán fundamentales, mucha sensación de que ya estamos a la mitad y tenía que plantear el conflicto), así que no veas lo feliz que me hace comprobar que todo ha funcionado bien. Como muestra de agradecimiento, te desvelaré otra referencia oscura (la de Marcovaldo es muy fácil):

* http://www.imdb.com/title/tt0054749/

En cuanto a los vídeos, los vi ayer en tu blog: el de Pynchon es buenísimo. Yo siempre me lo imaginé con un aspecto más de señor (no sé por qué). Blogia funciona muy mal últimamente: problemas o ajustes del servidor. Esperemos que pronto mejore la cosa.

 
At 8:36 p. m., Blogger Alvy Singer said...

Si si ; la de Rosetta me ha despistado: la maldita película de los Dardenne me ofuscaba.

Pero la de Marcovaldo a la primera. Italo Calvino.

 

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