What if... el mundo al revés?

lunes, septiembre 18, 2006

The Filthy Life (6)

Claudia está sentada en un banco de piedra, frente a la entrada al jardín-laberinto que la condesa y su marido hicieron construir cuando adquirieron la villa. Detrás, en la mansión, todo el mundo se prepara para el gran discurso inaugural. Aquí, en cambio, solo estamos Claudia, yo y una gran luna llena que muy pronto se va a teñir de rojo.

Es un auténtico placer haber recuperado mi instinto asesino: por primera vez en semanas, estoy delante de una chica a la que solo quiero morder. Ni bloqueos ni estupideces: el viejo arte de morder su cuello y dejar que su sangre baje por mi garganta. No obstante, no puedo hacerlo así como así: me gusta jugar un poco con ella antes de que suceda lo inevitable, sobre todo porque nuestra Claudia parece no tener la más mínima idea lo que se la viene encima.

- No sé dónde está Michael – me dice ella -. Le perdí de vista hará unos diez minutos, en la cocina. Sabes, ha sido raro: estando con él... he pensado en Guido. ¿Qué crees que significa eso?

Yo estoy de pie, frente a ella, fumando y trazando mi plan. ¿Quién va después? ¿Michael? ¿La condesa? ¿Marcello? ¿Los quiero matar en ese orden? Dios, hay tantas posibilidades, tantas maneras de acabar con esto de una maldita vez... Nada en el mundo me va a hacer tan feliz que mirar sus caras de incomprensión mientras alguien a quien consideraban su amigo acaba con sus patéticas vidas.

Ella sigue hablando:

- Me he ido de la fiesta: no soportaba a todos esos ricos decadentes, tan borrachos que casi no pueden ni andar. Me he venido aquí porque me encanta este sitio. En el parque de mi pueblo teníamos un laberinto así. Sé qué es estúpido, pero me recuerda a mi infancia. Aunque tampoco puedo dejar de pensar en Guido. ¿Crees que es...?

Me acabo el cigarro y me dirijo a ella, mirándola fijamente a los ojos:

- Creo que es hora de que te dejes de lamentar por ese perdedor al que le jodiste la vida, maldita zorra.

Y entonces muto, muy rápido, si sin que le de tiempo a pensar en lo que he dicho, y me abalanzo sobre ella. Puedo oler su miedo, aquí, en este banco de piedra, bajo la luz de la luna. Está aterrorizada, y también huelo... ¿¿Deseo??

- Spike, un momento, espera un momento.

Estamos tumbados en el banco, yo encima de ella, esperando a clavar mis colmillos en su yugular. Tengo curiosidad por escuchar sus últimas palabras, así que le digo que adelante.

- Quería pedirte esto desde que te conocí. Bueno, a ti y a Drusilla: pensé que hacíais esto juntos. ¿No lo hacéis juntos?

- ¿A qué te refieres, Claudia? – le pregunto, un poco harto de su cháchara.

- A mi bautismo. A mi transformación. ¿A qué va a ser? Soy actriz, ¿sabes? No es ningún secreto que quiero ser eternamente joven. Dios, casi lo NECESITO. Solo quiero que me prometas una cosa, ¿vale? Solo una cosa.

- Claudia, creo que no estás entendiendo esta situación – le explico, sin poder contenerme una risa nerviosa-. Voy a matarte. Estoy apunto de morderte el cuello y beber tu sangre hasta dejarte completamente seca.

- Claro, sé cómo va – me dice ella -. No soy estúpida, sai? Me he estado informando. Tengo que morir para luego poder volver a vivir, como hicisteis tú y Drusilla.

Vale, la chica lo está complicando todo de una manera tan absurda que casi no tiene sentido.

- Entonces... ¿quieres que te muerda? O sea, ¿no te doy miedo? ¿No te asusta y te repugna ver mi verdadera cara? Joder, ¿es que de verdad deseas que te muerda?

Ella se incorpora, con una cara de felicidad realmente asombrosa.

- Claro que no me das miedo, Spike. Siempre te he aceptado como eres, sin juzgarte. Y claro que quiero que me muerdas. ¡Lo estaba esperando desde que os conocí!

Me siento en el banco, muy lentamente, con la mirada perdida en el laberinto. Ella no me tiene miedo. Da igual que yo no tenga intención de apadrinarla, sino de matarla: no me tiene miedo.

- Mira, tengo una idea – me dice, sin poder contener la emoción -. Yo corro por el laberinto y tú me persigues, ¿vale? Nos juntamos en el centro y me muerdes allí. ¿Qué te parece, Spike? ¿No es una idea genial?

Maldita sea.

Parece que mi trabajo aquí ha terminado, así que me levanto y camino hacia la villa sin mirara atrás: aún me quedan los tres peces gordos, los tres que son lo suficientemente inteligentes como para no querer que les clave las fauces en el cuello, joder. Mientras me alejo, oigo cómo Claudia se adentra en el laberinto y empieza a llamarme con voz melodramática para que la persiga.

Una vez dentro del salón principal, me abro paso hacia la cocina, intentando esquivar la marabunta de invitados. Claudia tenía razón: están todos demasiado borrachos para darse cuenta de que tienen a una criatura de la noche andando entre ellos, sobre todo las aspirantes a modelo. Cerca de donde está tocando la banda de jazz veo a Valentina, supongo que buscándome, intento darme prisa.

Por fin llego hasta la cocina. Michael James está donde Claudia dijo que estaría: coqueteando con la aspirante número 17. Joder, este hombre tiene un verdadero problema: debería ir a un psiquiatra o algo así. Bueno, eso es lo que debería hacer si no fuera morir dentro de dos minutos.

- Oh, Spike – dice cuando me ve entrar-. Ven, quiero presentarte a esta encantadora muchacha...

- Lo siento mucho, guapa, pero tengo que hablar con Michael. A solas.

La chica pone cara de pocos amigos, pero al final se va. Ahora estamos solos él y yo.

- Vaya, has sido un poco duro con la muchacha... Bueno, a mí tampoco me estaba gustando mucho, si te digo la verdad – Michael sonríe -. ¿Qué era lo que querías decirme?

- Bah, no es nada importante. ¿Sabes que aquí, en esta cocina, fue donde Dru y yo hicimos nuestra primera obra?

- Oh, sí – se ríe Michael -. Sí, la condesa me lo dijo. Fue algo glorioso.

- Ya he dejado esta mierda del arte... Y, además, la condesa me dijo que no debería repetirme, pero... Qué demonios, creo que voy a ejecutar mi segunda obra en el mismo lugar que la primera.

Me abalanzo sobre él y le empujo contra la pared. Cuando estoy a punto de morderle el cuello, le oigo gemir. No es un gemido de dolor, sino de placer. Lo siguiente que hace es trocarme.

Tocarme. Y no diré más.

- Spike... Por fin...

Me aparto de él y nos quedamos mirando. Soy yo quien rompe el hielo:

- ¿Estás seguro...?

- ¿Qué? No, yo pensé que tú... O sea, ¿nunca...?

- No. Bueno, sí, pero solo una noche. Era en Praga y...

- Ah, claro, sí, yo tampoco...

- Sí, pero esto no era... O sea, yo no quería...

- Claro, claro: yo tampoco quería.

Silencio incómodo.

- Creo que voy a...

- Sí, claro, yo también tengo que...

- Vale. Entonces, nos vemos en el discurso.

- Sí, claro, en el discurso...

Lo siguiente que hago es salir disparado de la cocina y no volver a recordar los últimos dos minutos jamás en mi vida.

Otra vez en el salón principal, otra vez en la fiesta. Que les jodan a Claudia y a Michael: ellos no tienen la culpa de nada. La condesa... Esa zorra es la que me las tiene que pagar. Así que me encamino hacia las escaleras a toda velocidad, pero alguien me agarra del hombro.

- Per favore, signore... Sarebe così gentile di ascoltare questa domanda?

El que me agarra es un tipo moreno, bastante alto. Lleva un micrófono en la mano y lo apunta hacia mí. Detrás de él hay un equipo de grabación al completo: cámara, micrófono... Le digo que no hablo italiano e intento seguir con mi camino, pero el tío me vuelve a agarrar.

- Bueno, no es problema... – me asegura -. Verá, estoy haciendo un documental y no me vendría mal tener una opinión internacional. Ya he preguntado a muchos italianos... Es solo una pregunta sencilla, por favor, responda mirando a la tellecamera y le prometo que lo dejaré en paz.

Estoy convencido de que el capullo no me dejará marchar hasta que no lo haga, así que le digo que de acuerdo, pero que sea rápido.

- Eh, sí, signore, será rápido. La pregunta es: ¿para usted, qué es el amor?

Miro al tío a los ojos, intentando descubrir si es algún tipo de broma, pero él me indica que mire al objetivo. Al parecer, va en serio.

- Está bien, maldito pesado, le diré lo que es el amor. El amor es llevar 83 jodidos años con una persona, haber vivido con ella una rebelión y dos guerras mundiales, creer que la conoces a la perfección y que luego esa persona te abandone todas las malditas noches para quedarse en casa hablando con un jodido pájaro. Y llamáis a esta cloaca “la ciudad eterna”, “el paraíso de los enamorados”... Y una mierda. Este sitio es peor que la muerte. Créeme, sé de lo que hablo. Este sitio es el Infierno. Ya está, eso es lo que opino del amor y de vuestra puta ciudad de mierda.

Hay una larga pausa. Luego, el tipo me estrecha la mano, casi en éxtasis:

- Meraviglioso, amico, meraviglioso! Toda esa rabia y esa sinceridad... Si le digo la verdad, he estado pensando en cambiar la pregunta: ¿qué le parecería si preguntara sobre el sexo?

- Bueno, usted es el maldito documentalista – le respondo.

- Ah, sí, por cierto: me llamo Pier Paolo. A lo mejor le llamo para que matice un poco sus opiniones, otro día, lejos de estos burgueses. ¿Dónde se aloja?

- No creo que me quede mucho tiempo aquí, amigo.

- Sí, bueno, la verdad es que yo tampoco: el lunes me voy a Israel – el tipo les dice a sus ayudantes que se vayan -. En serio, muchas gracias por sus declaraciones.

Una vez se han marchado a incordiar a otro, termino de subir las escaleras y me dirijo a la galería de arte que la condesa tiene en el segundo piso. No sé por qué, pero sabría que la encontraría aquí.

- ¡Spike, querido! – me llama a gritos desde la otra punta de la habitación -. Perdona que no te esté haciendo mucho caso: llevo toda la noche hablando con el señor Kiaboldi. Está muy interesado en mi colección de máscaras japonesas.

El tal Kiaboldi tiene pinta de ser el típico millonario centroeuropeo de cejas pobladas y trajes elegantes. Me estrecha la mano y noto enseguida que algo no termina de estar bien en este tío. Creo que el también se da cuenta, porque no tarda mucho en decir:

- Bien, señora Como, ahora no tengo más remedio que marcharme. Le comentaré a la señorita Kant, mi ayudante, ese asunto en Ginebra del que hemos hablado.

Tras besarle la mano a la condesa, se despide de mí con una mirada realmente glaciar. Creo que son sus ojos (bueno, y sus cejas) lo que no me acababan de convencer en él. Bueno, da igual: la cuestión es que ahora la condesa y yo ya estamos solos. Ella se gira y me dice:

- ¡Dios, mira que hora es! ¡Tengo que salir a dar mi discurso! Spike, querido, deséame suerte.

Mi cara se transforma en el reflejo de mi incontrolable ira.

- Suerte.

Y luego hacia su cuello... Ya casi siento su cuello, así que, por favor, que no hable. Por favor, que esta no diga nada: sólo tiene que dejarme matarla, sólo tiene que...

- ¡Sí! ¡Claro, exacto! ¡Spike, eres un genio!

No. ¿Por qué tiene que hablar? ¿Por qué no se calla y deja que la mate tranquilo?

- ¡Esto es sencillamente magistral! ¡Muerdes la mano que te da de comer con tu segunda obra! ¿No es genial? ¡Un acto de rebeldía único! Tenías razón, querido: ¡esto va a ser tu obra maestra! ¡El artista mata a su promotora!

Arte, otra vez el arte. No puedo matarla sin que me consideren un maldito artista. No puedo matarla. Así que me doy media vuelta y vuelvo por donde he venido.

- ¡Spike, hazlo ya! ¡Inmortalízame! ¡Conviérteme en arte! ¡Spike!

Bajo las escaleras muy despacio, como si todo fuera a cámara lenta. La fiesta ya está llegando a su momento álgido, pero a mí no me podría importar menos. En lo único que pienso es en matar a Marcello, mi última oportunidad de salir de aquí con un poco de dignidad. Podría acabar con todos los invitados, pero entonces los americanos me ofrecerían un contrato multimillonario y un ático en Nueva York.

Me encuentro a Marcello solo en el umbral de la puerta principal. Está de espaldas a mí, acabándose un cigarro. Detrás de nosotros, el ruido de la fiesta empieza a perder relevancia. De repente, las cosas empiezan a ir todavía mucho más lentas, como si lo único que importase en el mundo fuera esto.

Sin girarse, Marcello pregunta con la voz temblorosa:

- ¿Muerte? ¿Eres tú?

Por un momento, me quedo sin habla. Luego le digo lo primero que se me pasa por la cabeza: que sí.

Marcello se gira, tira el cigarro y me mira a los ojos. Me cuesta bastante creerlo, pero está llorando.

- Al fin... Al fin llegas. Te he estado esperando tanto tiempo... Por favor, llévame contigo. Por favor.

Alzo la cabeza y miro a la luna. Está claro que ya no tengo nada que hacer aquí. Él se me queda mirando mientras paso a su lado, con una mirada perdida y llena de lágrimas que en la que hay algo muy parecido a la esperanza.

- Llévame contigo... Por favor, por favor...

Marcello sigue suplicando mientras me dirijo hacia la puerta principal, ajeno al discurso que la condesa ya ha empezado dentro del palacio. Él sigue de pie en el umbral, pidiéndome que le mate, pero yo no escucho: en lo único que pienso ahora es en alejarme de aquí, de este condenado lugar, de esta humillación, de esta sensación de derrota que experimento por primera vez desde que Dru me transformó. Ahora lo único que tengo que hacer es encontrarla y salir de esta ciudad de una buena vez por todas. Darle la espalda, mientras pueda, a mi asquerosa vida.

9 Comments:

At 12:45 a. m., Blogger Noel said...

¡Espera un momento, querido lector! Aún te queda por leer la electricante coda de esta historia.

¡Vuelve la semana que viene para conocer el aterrador epílogo de nuestra narración!

 
At 7:42 p. m., Blogger Ike Janacek said...

Si...er...¿Alguien puede ayudarme? me he quedado pegado a la silla.

Y ahora, con tu permiso, lo voy a imprimir y me voy a sentar al lado de la chimenea a releer desde el principio, acompañado de una generosa copa de vino y mi pipa irlandesa.

(ya te diré cuando llegue el epílogo, ya, por lo pronto te podría decir... ¡¡que eres un ñkjagfjkg genio!!)

 
At 7:43 p. m., Blogger Alvy Singer said...

Y yo (en una ametarreferencia singracia) digo ¡Si!

 
At 10:27 p. m., Anonymous Céline... said...

Buah!!! La espera ha valido la pena!!

 
At 3:25 a. m., Anonymous Anónimo said...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

 
At 7:00 a. m., Anonymous Anónimo said...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

 
At 12:01 a. m., Anonymous Céline... said...

Rápido, rápido! Queremos más!!!!

 
At 6:10 p. m., Anonymous Noel said...

Mañana antes de mediodía aparecerá publicado. ¡Lo prometo!

 
At 3:45 a. m., Anonymous Anónimo said...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

 

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